Homofobia rusa: 85% de hijos de Putin

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Yo, heterosexual de nacimiento, asqueado de un montón de heterosexuales de nacimiento escribo ahora:

Por primera vez en la joven existencia de este espacio, me siento ante el teclado de la Mac sin ese natural buen ánimo que conlleva para mí el simple pero a la vez sacro acto de escribir.

Como dejé claro en la última entrada, soy asiduo lector del site de Vice. A pesar de lo ligero de algunos de sus temas, me crucé ya infinidad de veces con asuntos de extrema importancia, que en el alma no deben ser tratados con menos delicadeza que la que deben tener de ordinario las manos de un cirujano. Sin embargo ninguno de los artículos me había alcanzado como lo hizo el que leí anoche, tal vez porque hay cuestiones que los seres urbanos ya consideramos parte indefectible de este mundo, y es así que a pesar del horror podemos soportarlas. Hablo de enfrentamientos de humanos contra humanos en los países árabes, marginalidades desmesuradas, perversiones y un sinfín de tropelías que hay que ver e informar, pues es el único modo de que los héroes (TODOS los simples mortales que no nos dedicamos a matar, violar o robar, que es una inmensa mayoría) podamos seguir adelante para reparar los desastres que por doquier otros semejantes –por la especie, no por los valores- hacen.

Vamos, no es difícil identificar el lado oscuro: siempre ha sido así, desde Darth Vader que el mal es el mal. Hay una delgada línea difusa para algunas cuestiones, pero asuntos como asesinato, violación o robo no admiten discusión.

Tampoco la discriminación, genocidio, persecución y fascismo.

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En mi novela Andar sin pensamientos (que espero editar pronto, si las divinidades editoriales terminar por descubrirme de una vez), el protagonista dice:

“[…]La fe es una condición inmanente a la vida y no debería ir más allá de cada una de ellas, porque la otra condición que posee esas características es la libertad. La fe libre, la creencia por elección absoluta es la única alternativa válida. No hay fe si no hay libertad para ejercerla, así como no hay ser libre que no posea fe, aunque más no sea en sí mismo, en la realidad orgánica, en la finitud, en lo evidente.

Un sistema en el que la religión no sea de todos sino de uno, y en el que nada tengan que ver las masas. Una civilización en la que todo hombre conozca lo que profesa cada religión y sepa lo que piensan quienes no creen en ellas, y en ese marco elija con el corazón, la mente, el cuerpo; sin gobiernos, ni escuelas, ni familias que intervengan. Que se enrole en una, que combine varias, que cree una nueva. La fe del hombre como ejercicio de la humanidad y no de la civilización. La religión propia. La autonomía de la fe.

Mi única fe es la fe en la fe y la libertad, la fe en el hombre como dueño de su cuerpo, de su alma y de su porvenir. Mi fe es la fe en la decisión autónoma e independiente, el respeto mutuo, el amor por ser y no por pertenecer o creer. Tengo fe en el hombre aunque sea el hombre quien la mayoría de las veces me hace perder la fe en el hombre.[…]”

Lo que busco expresar allí, es algo tan evidente y sencillo que me avergüenzo de esa inmensa cantidad de seres humanos que necesitan que alguien se los diga, y aún así, en muchos casos, no lo asimilan:

LOS DERECHOS INDIVIDUALES DE LOS SERES HUMANOS SON INALIENABLES, INDISCUTIBLES, INTOCABLES, INEMBARGABLES, INDUDABLES, INATACABLES, IMPRESCRIPTIBLES.

(Me refiero a derechos como la libertad, la disposición de su propio cuerpo, autonomía para pensar y decidir, etc.)

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No somos más que humanos conviviendo con humanos, mamíferos racionales que vamos de paso sin más privilegio que el de pensar, respetar, amar y sentir, andando sobre la corteza de un planeta que flota en la galaxia, y cuya existencia se circunscribe a una parte infinitesimal del devenir de los tiempos del cosmos.

Que existan hombres que destrozan a otros hombres por la realización de intereses personales es una locura, pero que los haya por discriminación, intolerancia o creencia religiosa, ES UNA ABERRACIÓN.

En Rusia, Vladimir Putin (qué paradoja ese apellido en un homofóbico, pues su apellido no dista demasiado de uno de los des-calificativos con los que los de su calaña suelen referirse a los homosexuales) acaba de aprobar una ley contra la propaganda homosexual.

Mucho se ha escrito sobre el tema, pues la proximidad de los Juegos Olímpicos de Invierno (a celebrarse este año en Sochi) a ese país ha puesto en evidencia el grave problema que supondrá que otros ciudadanos lleguen allí habituados a vivir en libertad, de modo que no es necesario que me extienda. No es claro lo que “propaganda” abarca exactamente, de modo que de alguna manera esa indeterminación está siendo utilizada para justificar una terrible CAZA DE BRUJAS sobre los homosexuales en el país más grande del planeta.

No hace falta aclarar que en verdad poco interesa qué es “propaganda” exactamente, pues el absurdo es que siquiera pudiera calificarse de delito (es más, ya tener que calificar ese derecho inalienable es insostenible, de lo que sea) a la inclinación sexual de una persona.

Analistas políticos opinan que la promulgación de esta ley no obedece más que a una necesidad del presidente de recuperar el terreno perdido en la opinión pública, y que no ha hecho más que echar mano de un grupo determinado para que los rusos formasen dos bandos, uno de los cuales quedaría de su lado, y así acercarse a ellos.

Por supuesto, no interesan los motivos, y lo que pretenda un político para fortalecer a su carrera me tiene sin cuidado.

Pero esos análisis abren una puerta que hubiese deseado que permaneciera cerrada: si el presidente busca acrecentar la persecución de la diferenciación sexual en cualquiera de sus formas a fin de crear dos bandos, es normal entender que lo hará apoyándose del lado mayoritario. Es así que a la indignidad de la promulgación de la ley, le sigue la verdadera indignidad humana: el 85% de los rusos apoya a la ley por completo.

Es decir, para no caer en ambigüedades lingüísticas: EL 85% DE LOS RUSOS ES HOMOFÓBICO Y DISCRIMINADOR.

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Stop. (Aspiro, exhalo; aspiro, exhalo.

Acabo de afirmar que más de cien millones de personas merecen un calificativo horroroso. Y tengo amigos y conocidos rusos. Pero sé, en mi fuero íntimo, que estoy en lo cierto, y eso me asusta, me irrita, me expone a adentrarme en cuestiones atenientes a la humanidad que son detestables e inauditas, y que sin embargo están allí, apoyadas por miles de años de guerras, torturas, esclavitud, discriminación y maltrato en tantas formas que resultan incontables.

Aspiro, exhalo; aspiro, exhalo.

Ahora debo centrarme en este asunto, porque en algo hay que centrarse. Hay tantas cuestiones deleznables que mi propia especie lleva a cabo, que tengo que empezar por denunciar alguna. Si el mundo queda de cabeza es porque nosotros lo hemos puesto así, de modo que será mejor seguir adelante, apuntar a un punto de esa locura y disparar allí, porque lo que ELLOS quieren –suelo materializar a la maldad dotándola de personalidad, y por eso ahora es “ellos”, porque las maldades son muchísimas- decía, lo que ellos quieren es que nos perdamos en la vaguedad, que estemos tan abatidos que no podamos apuntar.

Aspiro, exhalo; aspiro, exhalo).

El documental que disparó mi interés (http://www.vice.com/es/vice-news/young-and-gay-in-putins-russia-full-length-vice) mostraba algunas imágenes de lo que hoy sucede en Rusia. Amparados por las dos caras que históricamente el poder ha utilizado para la justificación de sus atrocidades (el poder político y el religioso), los rusos han aceptado que la persecución a cualquier manifestación gay sea permitida y exaltada. Hoy ser gay en Rusia significa, en todas las acepciones que la frase pueda contener, ESTAR EN RIESGO DE MUERTE.

Desde el lado gubernamental, el régimen se ha vuelto abiertamente fascista, imitando con los homosexuales lo que antaño hicieron los nazis con los judíos. Simplemente le han lavado el cerebro a un pueblo penosamente dispuesto a que se lo laven en contra de una comunidad determinada, y con ello sobreviene LA INDIGNANTE SUPRESIÓN DE TODOS LOS DERECHOS Y LIBERTADES INDIVIDUALES básicas para los componentes de ese grupo de “chivos expiatorios”, como el derecho a la manifestación (el movimiento LGBT –Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales- es sistemáticamente apaleado, arrestado y hasta torturado), o el derecho a la sexualidad, privacidad y LIBRE DISPOSICIÓN DEL PROPIO CUERPO.

Siempre, en todos los tiempos, este ha sido el tipo de comienzo que termina en GENOCIDIO.

Decidí buscar un poco más de información, pero apenas pude avanzar. Simplemente no pude tolerarlo: con sólo poner en un buscador online algo sencillo como “punished gay russian”, aparecen una cantidad de videos de niños y adultos torturados, vejados, humillados y hasta golpeados hasta dejarlos morir en el suelo.

Estos actos no son realizados por las autoridades, pero sí avalados por ellas, por su aceptación tácita al no castigarlos, por su silencio absoluto.

Pero, repito, no es la policía ni los militares los que llevan adelante este verdadero EXTERMINIO, a plena luz del siglo XXI y frente a las cámaras. Los que hacen esto son civiles, animales que andan por la calle con ropa normal y que pasan sus días en trabajos normales comiendo en lugares normales.

Su modus operandi es siniestro y sencillo: simulan ser gays en los chats, citan a chicos u hombres que desean libremente encontrarse, y los vejan hasta -muchas veces- matarlos o dejarlos traumatizados por el resto de sus vidas. Lo hacen atacando indiscriminadamente a gays, lesbianas, bisexuales o transexuales. Los violan, les orinan encima, los golpean ferozmente, los filman, llaman a sus familiares para burlarse de ellos y una innumerable cantidad de salvajadas.

Es tan brutal y denigrante, que no encuentro las palabras, y eso que es casi todo lo que soy, palabras sobre el papel (o el teclado en este caso). Tan sólo ver las miradas suplicantes de esos seres cuando comprenden que han caído en una trampa de los neo-nazis asesinos, lo dice todo.

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El poder político, militar y económico de Rusia hace que hechos como éstos sucedan libremente sin una oposición internacional fuerte, y es así que mientras una cantidad de países avanzan en sus legislaciones para contemplar estos derechos, en otros el fascismo se los fagocita, escupiendo muertos en vida (o simplemente muertos).

Desde afuera, por supuesto, podemos ver claramente que la instauración de este velado régimen totalitario la ha tomado con los homosexuales ahora, pero no es más que una avanzada hacia una locura que Rusia ya ha vivido, y parece no estar dispuesta a eliminar del todo.

Ya cuando estuve en Moscú sentí esas miradas extrañas y violentas, agazapadas, por mi simple condición de SUDAMERICANO, un desprecio enmascarado en la ficticia democracia que parecía inundar ese país.

Hago este pequeño descargo sabiendo que no cambiará nada, pero a la vez creyendo que por alguna parte debemos comenzar. Mi condición de heterosexual me hace pensar que somos nosotros, los que deseamos sexualmente al sexo opuesto, los únicos que podemos ponerle fin a esta barbarie.

La única manera de que los seres humanos defendamos a los seres humanos, es cuidar tanto a los derechos de quienes son diferentes a nosotros como a los nuestros.

Y es que, en definitiva, no hay iguales o diferentes: hay sólo humanos, hermosos seres humanos plagados de sueños.

Y nadie debería tener el derecho a cercenarlos.

JAMÁS.

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