Bienvenue chez les Ch’tis: el anti-Dogville

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Bienvenue chez les Chtis 

(España: “Bienvenidos al norte” Argentina: “Bienvenidos al país de la locura” -¿?-)

Así como Lars Von Trier logró alguna vez plasmar como nadie lo había hecho antes aquel dicho que no por antiguo es falto de verdad, “pueblo chico, infierno grande”, Dany Boon (director y también protagonista secundario pero esencial de este film) logra reivindicar a esos poblados pequeños en los que todo lo que sucede parece cerrado en una esfera, llevándonos a unas vacaciones en las que la maldad, la envidia o la intolerancia desaparecen.

Esta comedia te aleja de la historia en sí  (divertida, sencilla, entrañable), para empujar al espectador hacia una realidad que no tiene que ver necesariamente con la película sino con la humanidad toda: aún podemos ser buenas personas.

El des-asocio con Dogville (obra maestra de calibre histórico) es inevitable e inmediato: en donde veíamos -no sin verdad, no sin realidades circundantes que de ordinario lo confirmen- la maldad del hombre en su máxima expresión, que es la del humano en blanco, inicial, sin intervenciones demasiado cívicas (carencia cultural extrema, círculos cerrados de miras estrechas y nulas experiencias), puede ser cruel hasta extremos inimaginables, en esta querible realización francesa nos adentramos en un espacio en el que lo que el hombre parece no dominar es su urbanidad, y es así que un buen baño de humildad y simplicidad pueblerina resultan en una hermosa lección de vida.

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La sensación principal que queda al terminar de ver el film, es que no hace falta tanto para ser feliz. Con poco, los personajes de la película logran mucho: enamorar al espectador con su dulzura alejada de las convenciones citadinas primordiales. Puede pecar el director de una pseudo-caricaturización demasiado ingenua, pero es necesario comprenderlo más como metáfora que como resultante de expresión final.

Entre los simpáticos y extrovertidos ch’ts (comunidad a la que pertenecía la madre del director, cuya carrera tuvo como búsqueda más o menos la realización de este trabajo) no hace falta Internet o telefonía móvil, y mucho menos los estándares de belleza habituales o paisajes paradisíacos. El tesoro en aquel pueblo es cada uno de sus moradores, sus historias rutinarias, sus nombres conocidos y sus problemas tan pequeños como trascendentes pueden serlo de un alma. No son locos como la traducción errónea del título en Argentina sugiere, sino que son peculiares, informales, extrovertidos. Son auténticos. Son como querríamos ser si la adultez no fuera más que una consecuencia en vez de una imposición social velada.

Bienvenue chez les Chtis trata del valor que puede hallarse tras los moldes preestablecidos para lo que “placer” significa en este siglo, una especie de retroceso a lo esencial que, como rezaba es Principito, es invisible a los ojos.

Después de todo no somos más que mamíferos andando sobre la corteza de un planeta flotando en la galaxia, cuya existencia se circunscribe a una parte infinitesimal del devenir de los tiempos del cosmos. Es definitiva, esta película exalta la sencillez de la vida humana como un valor primordial que no tiene más necesidades que las de reír, llorar, comer, beber y amar, dentro de lo posible y sin exagerar lo que no haya.

¡Chapeau!

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Sinopsis:

Philipe Abrams, un director de oficina de correos en Salón-de-Provence, en el sur de Francia, vice con una esposa joven y bella pero algo desanimanda, rozando la depresión. Él, bajo la presión de su mujer para obtener un puesto junto al Mar Mediterráneo, sucumbe ante la presión, cometiendo un grave error laboral que, lejos de llevarlo adonde quería, hace que lo trasladen al lugar que, supuestamente para los estándares franceses, es el peor de los castigos: el norte, al pueblo de Bergues, cerca de Dunquerques. Esto es para él casi un destierro, la Siberia de los destinos galos.

Sin embargo, lejos de los estereotipos aterradores que la zona parece poseer entre los franceses, poco a poco y a través de sutiles experiencias cotidianas, Philipe descubre que la gente es amable, divertida y amistosa.

A partir de allí, no hará más que acercarse a cumplir un proverbio chetimi que el personaje interpretado por el director (el más entrañable de la película), enseña promediando la película: “Cuando uno de afuera viene al norte, berrea dos veces: cuando llega, y cuando se va.”

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