“Irrational Man”, W. Allen puro.

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by Leonel Mitre

Irrational Man

Aunque a primera vista parezca una contradicción, un artista demuestra la originalidad de su obra cuando se repite, no en la realización sino en el concepto. Es así que podemos encontrar a lo largo de toda la obra de Borges a los vestigios de una infinitud espiralada, o una sutil insistencia en su relación con los laberintos y los espejos, alentando la idea de que la repetición temática no necesariamente debe ser considerada como una copia de la propia precedencia, sino que puede ser tomada como un sello distintivo, una original fijación artística que produce una búsqueda perenne en cada autor.

Irracional Man es un Woody Allen de pura cepa, un nuevo vino que se lanza al mercado tras haber permanecido añejándose en una barrica.

La fórmula no tiene desvíos ni simula haber intentado experimentación alguna: es una película de Woody Allen de los pies a la cabeza, exquisita, delicada y a la vez neurótica; lejos de las excelentes (y no tanto) innovaciones que en la última etapa de su carrera ha realizado, Irracional Man le regala al espectador todo lo que va a buscar cuando compra el ticket de este hijo pródigo de Manhattan.

Es un film que una década atrás le hubiese cabido a la perfección al Woody Allen actor, un repiqueteo histérico y a la vez profundo de palabras y conceptos. Allen habla de él mismo en cada una de las palabras de este film, de sus asuntos con mujeres jóvenes, de la impotencia, de la decadencia del ser humano, de la obsesión por una realización sólo probable en los bordes del abismo.

Sin embargo, esta vez parece haber decidido abandonar los entrelineados, puesto que la condición de profesor de filosofía de la que dotó al protagonista le dio la posibilidad de ir al hueso, de hablar abiertamente de los asuntos que siempre han rondado su obra, del desencuentro de este gran humano con el ser humano, del existencialismo, de Kant, de Kierkegaard o de Heidegger, un desencanto con la vida cuya degradación, siempre sutil pero a la vez permanente, como los tejidos epidérmicos, avanza sin pausa durante el film, nostálgico, melancólico y pesimista al punto de, a la manera mitológica de los renacimientos cenicientos, parece redimirse sólo desde la más profunda desesperación.

“Sólo tocando fondo puede el hombre dar lo mejor de sí mismo”, declara sus principios el profesor Abe Lucas para que sepamos a qué atenernos desde el inicio mismo.

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Una vez más Woody Allen parece buscar en el crimen perfecto, a la inspiración espiritual para el resurgimiento de un alma atormentada. A lo largo de su obra podemos encontrar a esta obsesión, como su propia versión de ese Crimen y Castigo dostoievskiano que repetidamente sus personajes citan. Desde “Misterioso asesinato en Manhattan”, pasando por “Crimes and misdemeanors” (Crímenes y pecados), “Match Point” o “Cassandra’s Dream” (El sueño de Cassandra), encontramos a la neurosis decadente de la criminología como un arma desencadenante de una humanidad suspendida, como un detonador. Al estilo de Thomas De Quiencey en “Del asesinato como una de las más bellas artes”, W.Allen encuentra una creciente humanización post traumática en sus personajes tras cometer un crimen, aunque paulatinamente la realidad (un tema tangencial pero no menor en el film, en la que se enfrenta –y vence- a las teorías filosóficas que, siempre según el profesor Abe, no pasan de ser un vacuo palabrerío), domina la escena sobre la realización espiritual, y una cantidad de desaciertos detienen el valor de las palabras y le da acción a películas que pasan del concepto al acto de un momento a otro.

Desde el punto de vista actoral, Woody Allen se confirma como un extraordinario descubridor de actrices impactantes, cuya seducción se desgrana en cada escena. Si bien difícilmente reencuentre a aquella Diane Keaton que siempre será parte de nuestro inconciente, esa mezcla de intelectual y guerrillera de clase media que supo crear décadas atrás, jamás ha perdido el directo su capacidad para provocar asombro y actuaciones descollantes en cada una de sus protagonistas. Es así que tras la mencionada Keaton ha hecho de Scarlett Johanston un fetiche extraordinario, lo ha continuado con la ganadora del Oscar (y deslumbrante), Kate Blanchett en Blue Jasmine, y parece ahora haber encontrado otra nueva horma de sus gastados zapatos en una Emma Stone que ya supo deleitar en Magic in the Moonlight y ahora definitivamente se convierte en referente “woodialeniano” en esta nueva obra, brillando en el firmamento de estos extraños y siempre adorables personajes que el viejo Woody nos regala con su paciente sabiduría un poco verde pero indiscutiblemente talentosa.

Una mención merece la actuación de Joaquin Phoenix, puesto que así como las actrices suelen redoblar su valía bajo la dirección del neoyorkino, en igual proporción resulta difícil hacerlo para loas actores, pero Phoenix demuestra en este film por qué se ha ganado la consideración del mundo del cine desde hace años, y si bien no brilla como lo ha hecho en “The Master”, está a la altura y es un digno protagonista de un papel que pedía bastante.

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Valga para ejemplo de las diferencias actorales masculinas y femeninas en el universo W. Allen, la de los actores secundarios. Por un lado disfrutamos de Parker Posey en una buena performance, dueña de una extravagancia secreta y seductora que se fortalece durante todo el film, en contraposición al insípido trabajo de Jamie Blackley, cuya inconsistencia difícilmente hubiese sido evitable atendiendo al personaje.

En conclusión, “Irracional Man” definitivamente no alcanza la calidad de “Blue Jasmine” o “Midnight in Paris”, pero es un buen film que nos regala la posibilidad de continuar explorando al universo de Woody Allen desde sus raíces, disfrutar que aún está trabajando como si nada hubiese sucedido, y vanagloriarnos en el pesimismo existencial de un mundo decadente, pero que siempre anda buscando algo mejor, esa latente esperanza de la que casi nunca logramos despojarnos. Una película que todo buen “pseudopotencialsuicidateoríco” (escritores abstenerse de golpearse el pecho) podrá apreciar con una amarga pero placentera sonrisa en los labios.

4-3

Sinopsis:

El profesor de filosofía Abe Lucas está por los suelos a nivel emocional, incapaz de encontrar la alegría o el significado a su vida. Abe tiene la sensación de que todo lo que ha intentado hacer, ya sea como activista político o profesor, no ha tenido la más mínima importancia. Al poco de llegar a la universidad de una pequeña ciudad donde va a impartir clase, Abe se relaciona con dos mujeres: Rita Richards, una solitaria profesora que busca que le rescate de su infeliz matrimonio; y Jill Pollard, su mejor estudiante, que termina por convertirse en su amiga más cercana. A pesar de que Jill está enamorada de su novio Roy, no puede evitar encontrar irresistible la personalidad artística y atormentada de Abe, así como su exótico pasado. Incluso cuando Abe deja señas de su desequilibrio mental, la fascinación de Jill no hace más que crecer. Sin embargo, cuando ella trata de convertir su relación en algo más romántico, él la rechaza. La pura casualidad lo cambia todo cuando Abe y Jill escuchan la conversación de un extraño y se sumergen en lo más profundo de ella. Sólo cuando Abe toma una profunda decisión es capaz de volver a abrazar la vida al máximo. Pero esta elección pondrá en marcha una cadena de acontecimientos que afectarán a Jill, a Rita y a él mismo para siempre.

Trailer:

https://www.youtube.com/watch?v=CtarrpkQ-KIimages

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